supercholo

La primera vez que pisé El Comercio tenía 19 años y, auspiciado por Alonso Alegría, le presenté a Alonso Cueto, entonces director de este semanario, la primera versión de esta propuesta. Creo que le gustó pero por mil motivos nunca se concretó y a estas alturas creo que jamás ocurrirá. Así que cuando me pidieron de El Dominical que escribiera algo sobre los 55 años del SuperCholo, se me ocurrió convertir la idea en open source, por ahí que sucede lo imposible.



EL FORMATO

El tradicional ritmo de una página semanal en el Dominical es un absurdo a estas alturas. Con el mercado actual acostumbrado a las entregas semanales de los cómics de Perú.21, no podemos ser menos. Debería ser una revista semanal de 24 paginas más portada (siete pliegos, en total).


Esto nos deja un grave problema para el dibujante: es casi imposible producir 24 páginas semanales (en realidad, 21, si descontamos las dedicadas a la publicidad). La solución viene de la tele: temporadas. Cada temporada tendría su propio dibujante, que la produciría con meses de antelación. Esto no sólo distinguiría a cada temporada con una personalidad propia, sino que nos permitiría servir de galería para el talento peruano, que hay mucho, y no amarrarnos a un solo estilo.


Cada año tendría cuatro temporadas de siete capítulos cada una. Entre cada temporada tendríamos un mes de descanso, como para preparar una pequeña campaña de marketeo de la siguiente (infografías en el diario, merchandasing, presentar al nuevo dibujante, etc.). Si todo sale bien, deberían ser, en total, 20 temporadas a lo largo de cinco años. Sé a grandes rasgos qué pasará en esos cinco años: sería la épica final de un cholo contra el Universo entero.


EL RELANZAMIENTO

Básicamente la idea es rescatar el personaje para el siglo XXI, recuperando el tono de acción autoparódica de sus inicios, aterrizándolo en un ambiente más urbano y abordando tópicos atractivos, relevantes e incómodos para el lector actual. Se me ocurre que debería tomar del espíritu del mejor Cerebus; incluso el estilo del dibujo de la primera temporada podría ir por ahí.


Pero las semejanzas con el cómic canadiense terminan allí: La última vez que lo vimos, en los 90, Supercholo era un personaje involucrado en unas inverosímiles aventuras infantiles de ¿ciencia ficción? (cfr.: campeonato intergaláctico de fútbol). No vamos a sepultar esas historias. Al contrario, serán nuestro alimento. Todos esos planetas, esos viajes, esas razas, reaparecerán. Todo ese legado repercutirá en estas nuevas historias. Pero todo, a la vez, será muy distinto.


Algo obliga al Supercholo no sólo a abandonar sus paseos por la galaxia, sino a traicionar a todas las civilizaciones extraterrestres que lo acogieron. Perseguido por sus antiguos aliados alienígenas, nuestro héroe huye a la Tierra y se ve obligado a confundirse entre la multitud de la megalópolis limeña.


LA TRAMA


Así, la serie se inicia enmarcada dentro del clásico escenario en el que un mundo subalterno, insólito, convive con la realidad cotidiana. Esa anfitriona de restaurant es, en realidad, una venusina dispuesta a envenenar tu tacuchaufa. Los chicos limpiacarros de la esquina vienen de ese planeta en el que los niños nacen con el conocimiento acumulado de todos sus ancestros. Ese chef candidato a presidente tiene que ingerir unas misteriosas píldoras que le permiten seguir respirando el ralo oxígeno de la Tierra.


A lo lejos, a cientos de años luz, quien trama su captura, o su muerte, es su ex compañero, Juanito, el Capitán (ahora General) Intrépido.


Esa es la premisa inicial. Pero Lima no es tan grande, en verdad, y el escenario inicial se modificará dramáticamente al final de la cuarta temporada del primer año (me gustaría que cada temporada juegue a ser una película distinta: ciencia ficción, road trip, film noir, viaje en el tiempo, superhéroes, buddy movie, acción, tragedia).


Mientras tanto, él intenta adaptarse a este planeta que ha venido a defender. Y, para empezar, tiene que adaptarse a su nombre de batalla.


LA CHOLEDAD


El nombre y el atuendo de Supercholo son políticamente incorrectos para las sensibilidades contemporáneas.


Actualmente, alguien con poncho y chullo caminando por una calle limeña de clase media, ¿llamaría la atención? ¿O sería automáticamente invisibilizado por ese mecanismo urbano de defensa que transparenta a quien tiene un aspecto asociado a la pobreza? Parte del atractivo del proyecto es explorar las reacciones y prejuicios de los personajes secundarios (y del público) ante la palabra “cholo” y ante su atuendo.


Supercholo, al inicio del relanzamiento, es literalmente un recién bajado. Luego de años de aventuras espaciales, baja a la Tierra, vuelve al Perú. Encuentra refugio bajo el amparo de un próspero vendedor de software pirata que Supercholo salvó de unos aliens cuando era niño. Pero el reencuentro se marca con una pregunta: “¿me salvaste a mí de extraterrestres, por qué no salvaste a mis padres de Sendero? ¿Dónde estuviste?”


Ese es, en resumen, el trasfondo de todo. Recuperar el status de mito del personaje. Destruirlo y volverlo a construir. Alienación, escapismo, discriminación, fracturas de identidad, violencia, progreso, reconciliación. Que sea una encarnación de lo que somos, de lo que fuimos y de lo que podemos ser como peruanos. Supercholo: problema y posibilidad.